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Adrián Laureda: «Siempre quise poder pasear por una ciudad pequeña como Lugo con la seguridad de no haber perjudicado ni favorecido de forma deliberada a ningún niño»

Foto: El Progreso

Los conocimientos adquiridos como coordinador de la cantera del Lugo, unida a su trayectoria futbolística, a sus pinitos como entrenador de fútbol base y, tal vez, al nivel de los entrenadores que ha tenido en su carrera, lo convierten en una figura didáctica y enriquecedora en categorías inferiores.

En el Lugo de Segunda B le entrenó el inconfundible Julio Díaz. En su primera etapa en el Benidorm, Luis García Plaza (ex de Levante, Getafe y Villarreal en la máxima categoría del fútbol español). En la segunda, Paco López, actual entrenador del primer equipo del Levante. En su tercera temporada en el club de Foietes, su director técnico fue Rubi, otro entrenador (Real Betis) de Primera División. Adrián Laureda León (A Coruña, 1983) colgó las botas y aparcó los guantes pero no se desvinculó del fútbol. Los conocimientos adquiridos como coordinador de la cantera del Lugo, unida a su trayectoria futbolística, a sus pinitos como entrenador de fútbol base y, tal vez, al nivel de los entrenadores que ha tenido en su carrera, lo convierten en una figura didáctica y enriquecedora en categorías inferiores.

A nivel deportivo, ¿cuáles son las funciones de un coordinador de fútbol base?
Es uno de esos puestos que dejan mucho margen de interpretación al que los desempeña. Uno puede implicarse mucho y faltarle horas del día o puede dedicarse únicamente a supervisar lo más superficial, como el establecimiento de horarios y organización general. También depende de la estructura de los clubs y de los objetivos que se busquen. Hay clubs, como el Villarreal, que desdoblan el puesto en coordinador de metodología y coordinador general, o lo dividen en etapas y establecen diferentes coordinadores. Se puede tener al filial dentro del fútbol base o que dependa de la secretaría técnica del primer equipo. En cuanto a los objetivos, si se quiere tener una idea común de trabajo en todos los equipos, las funciones aumentan. Si se busca rendimiento e incorporar jugadores implica trabajo de coordinación del ‘scouting’. Si solo hay una persona sobre la que recae toda la responsabilidad y no crea un grupo de trabajo o delega, las funciones son muchísimas e inabarcables: planificación de plantillas y cuerpos técnicos, control de equipos, establecimiento de objetivos, ‘scouting’, relación con padres, relación con agentes, relaciones con el director deportivo y el presidente, relaciones con el resto de clubs de la zona…

¿Cuántas horas libres tiene un coordinador un fin de semana de temporada?
Si quieres ver a todos los equipos, tienes libre las horas para comer (rápido) y para cenar. Especialmente si llevas también el filial, que suele jugar los domingos por la tarde. En caso contrario, se suele descansar el domingo por la tarde. Mi tiempo libre era para la familia o para ver algo concreto como el primer equipo.

Los futbolistas tienen muchos referentes; los entrenadores, también. ¿Qué referentes tiene o ha tenido como coordinador?
He aprendido de mucha gente, tanto para lo bueno como para lo malo. He aprendido en los lugares que he visitado para ver cómo trabajaban, de gente con la que he trabajado en el día día, de los entrenadores, del resto de coordinadores, de los padres… Lo mejor de ese puesto es que generas una gran red de relaciones que permiten aprender desde muchos puntos de vista. Por señalar dos personas de fuera de Galicia que han cambiado mi punto de vista sobre muchas cosas, diría Sergio Navarro –fue coordinador de metodología del Villarreal y ahora trabaja en el cuerpo técnico del Levante– y María Ruíz de Oña -–fue psicóloga del Athletic y ahora está en la Aspire Academy–.

«Sergio Navarro –fue coordinador de metodología del Villarreal y ahora trabaja en el cuerpo técnico del evante– y María Ruíz de Oña -–fue psicóloga del Athletic y ahora está en la Aspire Academy– han cambiado mi punto de vista sobre muchas cosas»

¿Cómo es una temporada exitosa para un coordinador?
No mediría el éxito de un coordinador en un espacio tiempo tan corto como una temporada. Los resultados no siempre dependen únicamente de su trabajo y no me parece la mejor fórmula para medir su éxito. Me iría a aspectos más intangibles como haber creado un buen grupo de trabajo con gente que comparte tus inquietudes y tus objetivos y construir algo juntos. En una temporada siempre heredas de lo hecho previamente. Resulta difícil calcular qué grado de responsabilidad pueden tener los que antecedieron o lo que hiciste la temporada anterior. En relación a los chavales, mi objetivo siempre ha sido tratar de ayudarles en la medida de lo posible y siempre pensé que quería, al terminar mi trabajo, poder pasear por una ciudad pequeña como Lugo con la seguridad de no haber perjudicado ni favorecido de forma deliberada a ningún niño. Si ya consigues que te recuerden con cariño o que te saluden con afecto, es una gran sensación que compensa muchas cosas. Otros aspectos como que lleguen al primer equipo o consigan sus primeros contratos depende de factores externos y casi siempre son decisiones en las que interviene poco el coordinador de fútbol base.

¿Se puede formar/tener una cantera profesional sin una ciudad deportiva?
Dificulta muchísimo la logística y el sentimiento de pertenencia, pero haciendo malabarismos se puede intentar corregir esa ausencia de una ciudad deportiva.

¿Cada cuántos días hablaba el Adrián Laureda coordinador con sus entrenadores?
Cuando conseguimos hacer el grupo de trabajo hablábamos prácticamente todos los días. Éramos muchos contratados a jornada completa y con dedicación exclusiva. Por la mañana estábamos juntos preparando lo que desarrollábamos en los entrenamientos, en la competición, en las charlas con los jugadores… En todos los ámbitos en los que podíamos tener un contexto para relacionarnos con los chavales. Fue fundamental tener ese espacio con los entrenadores y, por momentos, logramos una idea común.

¿Es correcto que un coordinador destituya a un entrenador y se haga cargo de su equipo, aunque solo sea una jornada?
Es un paso peligroso que luego cuesta deshacer. Esas cuestiones pueden generar desconfianza. El prisma del coordinador y el del entrenador son diferentes y no se deben mezclar. Y, si sale mal, la pérdida de credibilidad es irreparable. Si quisiera entrenar, trataría de no hacerlo nunca en el mismo club que coordino. Sin embargo, hay clubs que no se pueden permitir tener tanta gente trabajando y tienen que desdoblar funciones. Dar el paso de destituir a un entrenador para que el coordinador coja el el equipo y tratar de alcanzar el objetivo clasificatorio me parece una decisión con más desventajas a largo plazo que las ventajas que pueda generar a corto plazo.

«¿Destituir a un entrenador y que el coordinador se haga cargo del equipo? El prisma del coordinador y el del entrenador son diferentes y no se deben mezclar. Si sale mal, la pérdida de credibilidad es irreparable»

¿Qué criterios marca un coordinador o director deportivo para fichar a un entrenador?
Todo debería ir ligado al objetivo que se busque. En nuestro caso era importante que pudiesen amoldarse a trabajar en equipo, que tuviesen ganas de aprender y que pudiesen dedicarse exclusivamente al fútbol. Con esas premisas, anulábamos un amplio porcentaje de candidatos. No mirábamos la edad pero, por las connotaciones que exigíamos, solía ser gente joven, también en formación.

¿Cómo obtiene información de lo que sucede en todos los partidos de la cantera un fin de semana?
Teníamos la suerte de poder grabar muchos de nuestros partidos. La otra forma es a través de lo que el entrenador te haga llegar. Al principio quería estar pendiente de todo y solía hablar con ellos al acabar los partidos. Lo hacía para darle importancia a su trabajo, para que vieran que se valoraba y que el coordinador estaba pendiente. Después entendí que era una pérdida de tiempo. No se gana nada con eso. Hay que dejar trabajar al entrenador con tranquilidad. Solo que vea que lo acompañas en lo que hace, pero que no tenga sensación de control porque eso puede restarle seguridad. El martes (el lunes descansábamos) hablábamos del fin de semana con normalidad.

¿Debería ser indispensable la dedicación exclusiva o se puede compaginar un trabajo externo con ser entrenador de la cantera de un club profesional?
Ojalá fuese dedicación exclusiva y estuviese lo suficientemente remunerada pero, desgraciadamente, los clubs no suelen dar tanto valor a eso y se gastan el presupuesto en otras cosas, con lo que al entrenador no le queda más remedio que compaginarlo. En las canteras que he podido conocer, ese punto puede llegar a ser diferencial. La mayoría de las veces, los puestos altos de la estructura de la base viven de su trabajo en el club, pero los entrenadores tienden a ser figuras menos valoradas.

«Al principio quería estar pendiente de todo y solía hablar con los entrenadores al acabar los partidos. Lo hacía para darle importancia a su trabajo, para que vieran que se valoraba y que el coordinador estaba pendiente. Después entendí que era una pérdida de tiempo»

¿Pueden los entrenadores tener una relación cercana con los padres de sus futbolistas?
Es un tema delicado. No se puede dejar a los entrenadores que lleven ese peso sin una formación y un trabajo previo. Cualquier error en ese punto puede ser determinante y generar muy mal ambiente en ese equipo o en el club. En Lugo intentamos que los entrenadores tuviesen más cercanía con los padres (algo que no suele gustarles) porque entendíamos que era un club que se podía prestar a eso y, aclarar puntos de vista con los padres, podía proteger al propio entrenador de críticas injustas. Reconozco que es arriesgado y, tal vez, a día de hoy lo haría diferente.

¿Cómo se gestionan esas situaciones?
Normalmente, los clubs se suelen cubrir teniendo a una persona que se encarga de eso para tener al entrenador protegido. Eso desemboca en que los padres se dirijan al coordinador para criticar al entrenador por malentendidos fáciles de solucionar. Si las reuniones eran con el entrenador en un ambiente adecuado, no se producían esas situaciones. Aunque parezca lo contrario, si los entrenadores se exponen a eso acaban estando más protegidos que si es otra persona la encargada de defender sus decisiones. Creamos un sistema de citas a través de una aplicación digital que se usa en centros educativos y establecimos varias cuestiones: reuniones generales en las que se presentaba el entrenador y se explicaba cómo quería trabajar (al principio), cómo se estaba desarrollando la temporada (en el medio) y otra para hacer una evaluación general (al final).

¿En qué consiste el sistema de citas en la aplicación digital?
Dejábamos un margen de hora y media o dos horas en el horario semanal del entrenador como una especie de tutoría por si los padres, con cita previa, querían aclarar alguna cuestión. La mayor parte de las veces eran desacuerdos por el minutaje que se solucionaban con esa reunión. Ayudaba el hecho de que controlábamos ese tema y tratábamos de que ningún jugador se quedase descolgado. Si la cuestión iba a más, entraba en acción el psicólogo (Plácido, el responsable de la idea y del funcionamiento, así como de la formación de los entrenadores para enfrentarse a esas situaciones). En última instancia, el coordinador funcionó bastante bien y tuvimos una menor incidencia de problemas. Al acabar la temporada, me reunía como coordinador con todos los jugadores de la base y con sus familias para hacer una evaluación individual y recoger posibles aspectos de mejora, tanto del jugador como del club.

«En Lugo intentamos que los entrenadores tuviesen cercanía con los padres porque entendíamos que era un club que se podía prestar a eso y, aclarar puntos de vista con los padres, podía proteger al propio entrenador de críticas injustas»

¿Cómo debe intervenir un club cuando un padre insulta periódicamente a árbitros, rivales o entrenadores?
No se puede permitir. Se deben tomar medidas inmediatamente.

¿Es inevitable el filtro de la altura a la hora de fichar un portero?
Por una cuestión de probabilidad es un filtro que tiene importancia. Cada vez es más difícil ver porteros que estén por debajo del 1,85 en el fútbol profesional. Por debajo del 1,80 es más difícil aún. Salvo excepciones contadas es un filtro difícil de evitar.

¿Le da importancia al aspecto nutricional en el fútbol base?
Le doy mucha importancia ya desde que jugaba, pero es algo que no se puede controlar ni con los jugadores que tienes en tu propia residencia. Cada persona debe ser responsable de lo que come y de las consecuencias positivas o negativas que puede tener eso para su rendimiento. Intentábamos concienciar, hacer controles de pliegues para que viesen su evolución y reforzar positiva o negativamente. En cada casa sucede con la alimentación lo mismo con los estudios: la implicación de la familia facilita o perjudica mucho. Concienciar y conseguir que los propios jugadores sean los que quieren cuidarse es el mejor objetivo que se puede lograr. Eso genera autonomía, una característica clave en un buen aprendizaje. Normalmente va ligada a la madurez y, si el jugador lo aprende demasiado tarde, puede haber perdido oportunidades importantes.

«En cada casa sucede con la alimentación lo mismo que con los estudios: la implicación de la familia facilita o perjudica mucho»

¿Quién decide las tareas que se hacen en un entrenamiento: el coordinador o director de metodología o el entrenador del equipo?
Depende de cómo se quiera trabajar. Probamos las dos formas y cada una tiene sus ventajas. No creo en la imposición sin que se impliquen los entrenadores en la preparación de entrenamientos porque los acaban desarrollando sin el convencimiento requerido para que sea eficaz. Tampoco veo dar libertad absoluta en una cantera profesional. Con el tiempo me he dado cuenta de que hay cosas mucho más importantes que las tareas. Empezamos centrados en desarrollar aspectos específicos de cómo entrenar esto o lo otro, pero acabamos centrándonos en aspectos que tenían que ver con formar a los jugadores más allá de lo específico del fútbol: respeto, trabajo, solidaridad, ganas de mejora constante… Se puede ser jugador profesional sin haber pasado por una cantera profesional, pero es difícil llegar a la élite y mantenerte si no tienes una serie de características personales de ese tipo. Los que realmente tienen las capacidades acaban saliendo aún sin tener la metodología de entrenamiento adecuada. Establecer una buena metodología y educar el carácter de los chavales mejora mucho el nivel medio de la cantera, pero no asegura que vayan a llegar a profesionales un número significativamente distinto.

¿Está en contra de trabajar el fútbol directo, por ejemplo, en categoría infantil?
No, en absoluto. Todo depende de cómo se enfoque. La infantil quizá sea una etapa temprana para trabajar ese contenido porque el físico de los jugadores no está plenamente capacitado para desarrollarlo, salvo excepciones. Se puede enseñar qué hacer cuando el balón está dividido, cómo situarse, con qué superficie corporal conviene contactar para sacar ventaja al rival… Si la idea es trabajar el fútbol directo en alguna etapa como un contenido que los jugadores deben conocer como cualquier otro método o forma de juego, me parece coherente. Incluso diría que puede ser válido para entender que es una forma lícita de jugar para que, cuando se enfrenten a ella más adelante, no tengan prejuicios y no les perjudique el rendimiento. Muchos jugadores del Lugo salían de División de Honor Juvenil y no conseguían competir en Preferente o Tercera División. Tenía que ver con el prejuicio asociado a la forma de jugar a la que se enfrentaban en esas ligas. Es probable que si lo vivencian en su etapa de formación de alguna manera, no tengan ese rechazo que complica la adaptación cuando llegan a esas categorías.

¿Es lícito el fútbol directo en fútbol 8 o infantiles para aprovecharse de las condiciones físicas de jugadores mucho más fuertes que el resto?
Otra cosa es querer jugar fútbol directo porque tengo un defensa o un portero muy desarrollado para su edad que le pega lejísimos y un punta muy rápido o muy fuerte que le saca rendimiento a esos balones largos mientras el resto mira cómo les pasa el balón por encima, que es algo muy común en fútbol base porque buscamos el rendimiento inmediato en lugar del largo plazo. Independientemente de que sea un contenido que se puede trabajar con ciertas premisas, es obvio que el contacto con la pelota ayuda a mejorar técnicamente a los jugadores. Edades tempranas (fútbol 8, infantiles) son etapas significativos para tratar de que el tiempo de relación con el balón sea el máximo posible, tanto en entrenamientos como en partidos. Sin embargo, considero que en muchas canteras profesionales no se prepara al jugador para lo que se va a enfrentar en el futuro. La mayoría no llegará a profesional y, desde Segunda B hacia abajo, tendrá que enfrentarse a un contexto muy diferente respecto al de su formación. Aunque tengan jugadores de mucha calidad, muchos equipos de Primera y Segunda tienen modelos de juego más cercanos al fútbol directo que al combinativo. En uno de los viajes que hice a Lezama, tuve la oportunidad de hablar con Amorrortu de este tema. Él era director deportivo, pero su atención a lo que sucedía en Lezama y su implicación era máxima. Los veía entrenar muy habitualmente e incluso dirigía algunas sesiones. Estábamos viendo a un equipo infantil trabajar juego aéreo y al preguntarle por ello, me explicó los motivos. Además de considerarlo un contenido fundamental, era algo que estaba ligado a su cultura, a su tradición. Me pareció una razón muy loable.

«En uno de los viajes que hice a Lezama, estaba con Amorrortu viendo viendo a un equipo infantil trabajar juego aéreo y al preguntarle por ello, me explicó los motivos. Además de considerarlo un contenido fundamental, era algo que estaba ligado a su cultura, a su tradición»

¿Es un error que los clubes asignen sueldos más bajos a entrenadores de fútbol 8 que a entrenadores de Liga Gallega o División Honor Cadete?
Depende de cuál sea el motivo. Si se debe a que se valora menos el trabajo de formación en fútbol 8 o que se da menos importancia a esas ligas, me parece un error. Si el motivo es porque se establece un sistema de remuneración por número de horas y los equipos mayores entrenan más tiempo y viajan más lejos, podría tener sentido. ¿Por qué cobra menos un maestro que un profesor de secundaria? Se supone que las etapas más sensibles para ciertos aspectos son las más tempranas. En la práctica, el sistema de oposición es diferente e incluso la categoría dentro del grupo de funcionarios también. A veces, los entrenadores tampoco ayudan. Prefieren equipos que tienen mayor visibilidad por las ligas en las que compiten que por el trabajo vocacional de formación. Intervienen factores como el ego o las ansias de crecimiento. En Lugo buscamos un sistema mediante el que compaginasen entrenar un Juvenil o Cadete con fun equipo de fútbol 8 o Infantil. Salvo excepciones, la implicación con los pequeños distaba mucho de la que se tenía con los mayores, aunque todos los que compaginaban dos funciones tuviesen el mismo salario. La mayoría no sueña con vivir toda la vida como formadores, pero es un paso por el que deben transitar para llegar al ámbito profesional, su verdadero objetivo. No se puede criticar eso, por supuesto, cada uno es dueño de pensar lo que quiera, pero llegan a darse comportamientos poco coherentes. Por lo que he podido comprobar, es difícil encontrar buenos entrenadores en general, con verdadera vocación, pero es más difícil aún encontrarlos para etapas tempranas.

Ante la falta de fútbol en los colegios, en los parques, en las pistas, ¿debería trabajarse más la técnica de lo que se hace en las etapas de fútbol 8?
No veo fácil sustituir el fútbol que se jugaba antes en la calle. El número de horas era mayor que el que puede dedicar un niño hoy en día a entrenar con su equipo. Además, era fútbol sin reglas, con mucha variabilidad y enfrentándose a diferentes obstáculos: el terreno o la pista, niños mayores y más desarrollados en tu equipo y en el rival… Son factores que aumentan la creatividad y la búsqueda de recursos difícil de sustituir en un entrenamiento formal. El enfoque de entrenamiento técnico tampoco suele ser acertado: multiplicar repeticiones de forma analítica sin variar ningún aspecto externo que aporte riqueza perceptiva y de decisión tiene muy poca transferencia. Aún seguimos entrenando como hace años, con el aprendizaje que vivimos nosotros en su día, imitando deportes individuales que no se parecen en absoluto al fútbol: abierto, variable, con un contexto complejo y unas relaciones que distan mucho de la lógica interna de esos deportes individuales. Nos criamos con eso, pero teníamos la calle para compensar. Resulta muy complicado sustituirlo.

“Cuando son prebenjamines, benjamines y alevines, los niños, por encima de todo, tienen que divertirse”. ¿Debe ser así?
Debería ser así. Si no lo hacen o no conseguimos que lo hagan nos enfrentaremos a un problema que estamos viviendo en la actualidad. En Lugo hay problemas de número de equipos en edad cadete en liga local. ¿Por qué? Sin tener la verdad absoluta y después de hablarlo con coordinadores de la ciudad, creo que se juntan varias cuestiones. Por un lado, empiezan a competir de forma reglamentaria cada vez más jóvenes. Muchos ya a los tres años. Esos niños llegan a cadetes con doce años de competición reglamentaria encima. Son muchos. A cierta edad, se frustran porque las esperanzas generadas chocan con la realidad y se dan cuenta de que no van a poder colmar sus expectativas (o las de sus familias) a nivel deportivo. Es la edad en la que empiezan otro tipo de experiencias lúdicas fuera del deporte: primeras salidas con los amigos, primeras relaciones con chicos o chicas… Entre que se aburren de competir y que tienen otras tentaciones, muchos abandonan en esa edad. Es curioso porque después vuelven en juveniles con la idea clara de disfrutar y pasarlo bien con el deporte y con sus amigos: se produce el repunte del número de equipos en ligas locales de Lugo. Cada etapa tiene sus connotaciones y sus objetivos.

«A cierta edad, los niños se frustran porque las esperanzas generadas chocan con la realidad y se dan cuenta de que no van a poder colmar sus expectativas (o las de sus familias) a nivel deportivo»

¿Cuáles deben ser los objetivos en las etapas de fútbol 8?
En prebenjamines, benjamines y alevines deberían ir enfocados, en su mayor parte, al aspecto lúdico, además de aprender una serie de costumbres útiles no solo para el deporte, sino para su vida en general. El error no lo cometen los niños, somos los demás los que le damos otro sentido a las ligas y a los torneos. Hace unos años tuve la oportunidad de ir a LaLiga Promises, el torneo alevín que organiza la Liga. Se celebraba una reunión de los coordinadores de fútbol base aprovechando el evento y nos invitaron a ver el torneo. Me pareció que todo estaba completamente sobredimensionado. Una locura de la que es difícil que se abstraiga el que participa: niños tratados como si fuesen adultos. Eso es extrapolable a otros contextos: partidos de liga que se juegan cada semana en cualquier ciudad gallega, el campeonato gallego o los torneos que se organizan cuyo enfoque acaba siendo competir a toda costa en un formato que favorece aún más la inmediatez y los niños presionados, exigidos, con miedo a decepcionar… Esto evolucionará hacia abandonos más prematuros si no cambiamos el enfoque.

Los jugadores en etapa de fútbol 8, ¿deben experimentar diferentes posiciones o desarrollar una o dos que sean similares?
En mi opinión, experimentar diferentes posiciones, sin duda. Es demasiado temprano para especializar. Casi diría que incluso para hacer un solo deporte. Nadie tiene una varita mágica para predecir el futuro exacto de ese niño. Aún sabiéndolo, seguro que le enriquece haber experimentado el jugar otras posiciones. ¿Cuántos casos hay, por ejemplo, de laterales profesionales que han jugado toda su vida como extremos? Independientemente de que se tenga clara la posición futura, es importante que jueguen en distintos puestos, que experimenten. Si tiene dificultades para darle con la izquierda, que juegue en ese lado con el objetivo de irse por fuera. Es la manera de que puedan tener una formación más completa, más variada.

En las categorías inferiores de un club, ¿es más importante el individuo o el equipo?
Importantes son las dos cosas. Diría que el foco debe estar en el individuo dentro del contexto del equipo. Siempre que haya un objetivo formativo, el foco es el individuo. Si el objetivo es otro, entiendo que se pueda ver de distinta forma y lo respeto. De hecho, sucede en la mayoría de clubs que priorizan objetivos clasificatorios.

¿Entiende que haya equipos de fútbol 8 que, en ataque, jueguen de forma mecanizada “a uno o a dos toques”?
Lo entiendo: se busca la inmediatez o el rendimiento automático. Pero no lo comparto. Creo que puede ser perjudicial a largo plazo. Coarta la libertad y la creatividad del jugador y le resta variabilidad al contexto. En general no me gustan demasiado las reglas que condicionan el juego de forma externa en contra de la lógica interna del fútbol, como el tema de la limitación de contactos.

«No me gustan demasiado las reglas que condicionan el juego de forma externa en contra de la lógica interna del fútbol, como el tema de la limitación de contactos»

Hay equipo que en benjamines o alevines tienen varias ABP ofensivas preparadas.
Considero que en esas etapas hay otros contenidos prioritarios mucho más relevantes. Me llama mucho la atención cuando lo veo. Entiendo que se busca el objetivo clasificatorio que comentaba. Dentro de las jugadas a balón parado hay ciertos contenidos que son interesantes para determinadas etapas: saber qué es un marcaje, cómo se marca, saber qué es la zona, saber atacar una trayectoria (en ataque y en defensa), el trabajo de golpeo del sacador… Nunca he sido demasiado partidario de dedicar mucho tiempo al trabajo del balón parado ofensivo para conseguir una ventaja competitiva en fútbol base. Quizá en las últimas etapas y como una forma de que experimenten ese trabajo, se preparen y sepan qué es un contenido que se trabajará mucho más adelante.

¿Está a favor de que existan goleadas en fútbol 8 para que los niños no siempre estén protegidos o trataría de buscar alguna solución para evitar esos resultados?
Por un lado, creo que hay mecanismos y recursos para evitar ese tipo de situaciones. En el Lugo llegamos a idear un protocolo de funcionamiento dividido en fases para dificultar que se produjesen esas situaciones sin llegar a ridiculizar al rival ni a desvirtuar el juego, que podría resultar aún más perjudicial e humillante. Por otro lado, volvemos a la sobredimensión que damos, en el entorno del fútbol, a esas cuestiones. Padres, entrenadores, clubs o incluso la prensa damos demasiada trascendencia y eso es lo que puede dejar huella en los niños, no la goleada en sí. Verlo como algo normal ayudaría a que esos resultados no fuesen tan llamativos. Estamos en una sociedad en la que se tiende a la sobreprotección de los niños y provocamos que no tengan capacidad para superar pequeñas frustraciones.

¿Cómo evitaría esos resultados?
El remedio no es fácil porque tiene que ver con la estructura de la competición. Se están dando pasos para mejorar e igualar las ligas, pero siempre habría diferencias. En fútbol sala se intentó variar el sistema dividiendo los partidos en cuartos y obligando a que todos los jugadores estén en el campo, al menos, un cuarto, lo que aseguraría participación a los niños menos dotados, otra cuestión que debemos mejorar. Se jugaría a ganar cada cuarto, de manera que no se contabilizase más allá del 4-0. Puede ser una fórmula, pero habría que ver cómo se desarrollaría en la práctica porque implicaría que el árbitro estuviese pendiente de más situaciones. Mientras no se prueben fórmulas de ese tipo, se debería tratar el tema con sensibilidad por parte de quien es tan superior y con normalidad por parte del que lo sufre.

«En fútbol sala se intentó variar el sistema dividiendo los partidos en cuartos y obligando a que todos los jugadores estén en el campo, al menos, un cuarto, lo que aseguraría participación a los niños menos dotados. Se jugaría a ganar cada cuarto, de manera que no se contabilizase más allá del 4-0»

¿Qué opina de los entrenadores que utilizan una terminología muy técnica para dirigirse a los jugadores de la cantera?
Si los jugadores no le entienden, no tiene sentido. El lenguaje tiene como objetivo la comunicación. La comunicación implica hacerse entender por el que escucha. Tiene que ver con el concepto retórico del decoro: si no tienes en cuenta el contexto hacia el que diriges tu discurso y utilizas un estilo demasiado complicado o demasiado vulgar, estás cometiendo una incorrección comunicativa. En general, lo relaciono con la idea de que esa persona trate de significarse, probablemente por razones de ego que casi siempre están asociadas a inseguridades propias. Incluso a veces tiene que ver con la ignorancia, con no entender lo suficientemente bien el concepto como para transmitirlo de una forma más sencilla y comprensible. Lo importante es el contenido de lo que dices y que los niños te entiendan. Si no te adecúas a tu contexto, el error está en el emisor, no en el que recibe el mensaje.

¿Y los que lo hacen en los medios de comunicación?
Algo similar, aunque el contexto es diferente. En un medio de comunicación no puedes hablar como si estuvieras en el bar con los amigos, ni que parezca que hablas de física cuántica. Al final son modas. Se busca originalidad y para hablar de ciertos conceptos se plagian términos de otros ámbitos o de otros deportes. Hay quien llega a inventar palabras para parecer más culto. La sencillez es una cualidad lingüística infravalorada. A mí me gusta la gente que adjetiva y usa las palabras de manera natural y precisa sin caer en términos que distraen de lo verdaderamente importante: el contenido. Además, es muy probable que se cometan más incorrecciones cuando intentas complicarlo de forma superficial. Otra cosa sería dirijirse a una minoría. Entonces quizá el error esté en escoger un medio de comunicación que tenga un público tan diverso.

Cada vez hay más entrenadores que aseguran no creer en los sistemas sino en movilidades, en principios…
Si el concepto de sistema es estático, sirve de poco. Si se concibe como algo dinámico, que tiene funciones y movimientos asociados, puede ser más útil. Aún así nunca llega a ser del todo descriptivo porque también tienen una gran influencia los intérpretes de ese sistema. Jugadores diferentes cambian el funcionamiento del sistema. Un sistema no es una foto fija, es una estructura con sus funciones y relaciones. Eso es dinámico. La información del tipo “juegan 4-3-3” dice bastante poco. En fútbol base todavía debe ser más claro que el factor sistema debe estar supeditado a los jugadores.

«Estamos en una sociedad en la que se tiende a la sobreprotección de los niños y provocamos que no tengan capacidad para superar pequeñas frustraciones»

¿Es de los que se lleva el trabajo a la cama y sigue dándole vueltas antes de dormir o es capaz de desconectar al llegar a casa?
Me cuesta desconectar. Es un defecto que traté de ir mejorando con el paso del tiempo. A veces he llegado a ser obsesivo con el fútbol. Cuando algo te gusta mucho, resulta más complicado desconectar, pero es necesario. Amplía tus miras, te hace salir de la burbuja y ver las cosas con más perspectiva. Te permite priorizar las cosas de forma más coherente.

¿Le gusta ver fútbol televisado?
Sí, me gusta. No tiene nada que ver con hacerlo en directo, pero me gusta igualmente. Eso sí, necesito verlo solo y con tranquilidad. En un bar, lo veo pero no me entero del juego; simplemente veo acciones que pasan.
En cuanto a ligas y entrenadores, no tengo un gusto predefinido. Si hay un detalle que me llama la atención, intento seguirlo o verlo con más asiduidad. Últimamente me ha llamado la atención la nueva escuela de entrenadores alemanes. Esta temporada he podido ver más fútbol europeo y parece que se está asentando la moda de equipos agresivos, presionantes, con un ritmo muy alto pero que, al mismo tiempo, mezclan comportamientos interesantes en ataque. Es un juego muy dinámico, con mucha fluidez posicional de los jugadores que generan equipos camaleónicos que se desenvuelven bien en diferentes escenarios. Es probable que la tendencia vaya por ese camino. Los jugadores son cada vez más capaces en el aspecto físico y en la inteligencia táctica para desarrollar diferentes roles.

¿Qué diferencias aprecia entre las dos canteras más potentes de Galicia: Celta y Deportivo?
No me corresponde valorar el trabajo de esos clubes. En el Celta hay muchos jugadores en el primer equipo y en el Depor han debutado Mujaid y Gandoy esta temporada. El primero incluso se ha consolidado.

¿Se puede asociar un perfil de futbolista a cada una de estas canteras (el Deportivo, por ejemplo, solo ha sacado centrales a la élite en los últimos años (Insua, Róber, Mujaid…)?
No lo creo. Hay estudios estadísticos de las posiciones en las que, proporcionalmente, salen más jugadores en España. Portero y defensas estaban en la cabeza últimamente. Cuando hay dinero, es complicado que puedan salir jugadores ofensivos porque los clubs invierten mucho en esas demarcaciones, siempre teniendo en cuenta que puede haber excepciones. No es fácil observar un patrón tan regular en un club.

¿Juegan de diferente manera los equipos del sur de Galicia que los del norte o es un mito?
Eso es algo que ya se comentaba en mi época. No tengo claro que sea así. Puede que el clima ayude en determinados aspectos y habría que saber exactamente el número de fichas que hay en cada zona, algo que también influye. Aún así, hay talento en Santiago, en Ferrol, en A Coruña. De hecho, el Celta capta mucho en esas zonas. Para tener una idea más exacta tendría que conocer mejor las ligas locales de cada una de las zonas, pero no tengo la sensación de que haya una diferencia tan clara.

¿Por qué no hay más equipos de la provincia de Lugo en Ligas Gallegas, Nacional y División de Honor?
El número de licencias influye, eso es seguro. La provincia es complicada por su extensión y dificultades de comunicación. En la propia ciudad, el baloncesto siempre ha sido un rival a tener en cuenta. Históricamente ha faltado un referente en fútbol profesional. Una cosa es cierta: hay menos jugadores con buenas capacidades en cada generación con respecto a otras provincias. Los que destacan mucho rápidamente salen de sus clubs, bien para el equipo dominante en la zona (tradicionalmente Calasancio, Viveiro o Racing Villalbés) o dan el paso a Deportivo, Celta o Lugo. El nivel medio es menor y no favorece la competitividad de las ligas. Tampoco ayuda a que se superen los más dotados por esa falta de competitividad, ni el hecho de que varios clubs de la provincia de Lugo compitan en Ourense como el Chantada o el Calasancio. La razón que se arguye habitualmente es la distancia, pero si Lugo tuviese el mismo privilegio que Ourense en cuanto a tener un ascenso directo a Liga Gallega desde la liga provincial, seguro que habría más opciones de que compitiesen en la provincia.

Cada vez hay menos jugadores juveniles en los filiales y los equipos de División de Honor tienen un alto porcentaje de juveniles de tercer año. ¿Se debe quemar esa etapa en ligas juveniles?
Veo contraproducente estancar la progresión de un jugador. La División de Honor tiene cada vez menos nivel competitivo y el salto a Tercera se agranda. Si un futbolista tiene nivel y juega en División de Honor en su primer año juvenil o juega toda la temporada cuando es de segundo, su tercer año en la misma competición le resta motivación y estímulo. Pierde el tiempo y se estanca. En los clubs que realmente buscan una promoción real a nivel europeo el salto se produce mucho antes. Hay muchos chicos en edad juvenil compitiendo un alto número de minutos en ligas profesionales. En España cuesta más verlo y tiene que ver con la importancia que se da a ganar esa liga juvenil o el hecho de que el filial consiga resultados por encima de buscar acelerar procesos de formación de jugadores potenciales para el primer equipo. En determinadas canteras, hay un tercer equipo entre filial y juvenil que usan para que los juveniles de último año o alguno con algún retraso madurativo.

«Cuando hay dinero, es complicado que puedan salir jugadores ofensivos de las canteras porque los clubs invierten mucho en esas demarcaciones»

Los filiales gallegos tienen cada vez menos jugadores de la comunidad. ¿No hay suficiente materia prima apta en Galicia?
Si ese es el caso, algo estamos haciendo mal en categorías base. Puede influir el hecho de que cada vez haya más jugadores jóvenes que se van de Galicia a jugar en otros clubs profesionales. Esa pérdida de talento se nota. Después está el factor de la exigencia que tengan los filiales para sacar resultados.

Hace unos años se valoró crear una liga de filiales. ¿Sería positiva o sería contraproducente para la adaptación del futbolista a las categorías sénior?
En los países que tienen ese sistema de competición se escuchan voces que reclaman un cambio a un sistema como el nuestro. Según su punto de vista, las ligas de filiales carecen del factor de competitividad que aporta jugar contra gente con experiencia. Seguro que no existe el sistema perfecto, pero es el objetivo del club el que desvirtúa cómo se lleva a cabo. Todo cambió desde que en Segunda División hay derechos televisivos y los clubs buscan el ascenso con sus filiales para conseguir ese dinero. Si existiese la liga de filiales, habría que reformular obligatoriamente la competición de Segunda B, reducir grupos y número de equipos, aumentaría el nivel y puede que atrajese a la televisión para evitar que fuese tan deficitaria como resulta a día de hoy. Lo veo necesario aún sin llevar a cabo la liga de filiales. Eso beneficiaría a la Tercera División aumentando mucho su nivel.

¿Está a favor de una reestructuración de la Segunda B?
No le veo mucho sentido a la Segunda B de hoy en día. Mucho gasto e inversión en una categoría que no es 100% profesional, pero que te exige como tal. Un único grupo o dos, a lo sumo, provocaría un aumento de nivel y que la jugasen equipos históricos o con verdadero potencial para ser profesionales. Si se hiciese una liga de filiales, restringiría más la edad máxima para jugarla que los 23 años: un campeonato sub-20 o sub-21, como mucho. Algo que sirviese de escaparate real para el salto a profesional o para entrar en esa Segunda B reformulada con más nivel. Habría ese paso intermedio igualmente. Por supuesto, eso influiría en la División de Honor Juvenil, también tendría que ser reformulada. Empieza a tener cada vez menos sentido por el salto que se produce incluso con la Tercera División, algo que no sucedía antes.

«No le veo mucho sentido a la Segunda B de hoy en día. Mucho gasto e inversión en una categoría que no es 100% profesional, pero que te exige como tal. Un único grupo o dos, a lo sumo, provocaría un aumento de nivel y que la jugasen equipos históricos o con verdadero potencial para ser profesionales»

Un club importante ficha a diez jugadores alevines de primer año y dos años después son baja. ¿Por qué sucede?
Ese tipo de acciones son difícilmente justificables. Puede haber un error de captación, pero diez errores son demasiados como para valorar si hay algo más que el error de percepción del que capta. Si el problema es que se firman a alevines solo para competir en esa liga, volvemos al tema de los objetivos de cada club. Lo grave es el golpe moral que das a esos niños con la baja, además de perjudicar a los clubs de procedencia. Si es por falta de desarrollo físico, influye la impaciencia y el ansia de inmediatez. En esas edades empiezan a generarse diferencias físicas grandes entre los que maduran precozmente y los que tardan más y que requieren ver el largo plazo y tener más calma en el proceso.

¿Entiende que haya hasta seis equipos alevines de un mismo club y que haya otros que pierden partidos porque no tienen jugadores suficientes?
Lo ideal sería un reparto más equitativo. Habría que analizar bien las causas de esa diferencia, pero lo que no es de recibo es que clubs con ese volumen vayan a por jugadores en edades tan tempranas y compliquen la existencia a clubs más pequeños solo para ganar o quedar lo más arriba posible en sus ligas. No lo entiendo por parte del club grande ni lo entiendo por parte de las familias. Los clubs pequeños están indefensos en eso. Tampoco se puede privar a nadie de la libertad de cambiar de equipo en ciertas edades, pero igual podría buscarse cierta regulación para evitarlo. A día de hoy, lo único es tratar de mejorar en lo que se pueda en el proceso formativo y ofrecer cosas diferentes para que, poco a poco, conseguir que los niños no quieran irse. Son situaciones que en la ciudad de Lugo no se dan tanto. Los clubs modestos se respetan bastante y en edades tan tempranas no se suelen producir muchos casos, aunque también es cierto que son menos y que es más fácil que haya una convivencia.

“Hay padres que creen que tienen a Messi en su casa”. ¿Qué hay de cierto en esta frase?
Yo he escuchado muchas veces: “sé que mi hijo no es Messi…” y, a continuación, comportarse de forma contradictoria. Es una exageración, pero esas expectativas hacen mucho daño a los niños. Críticas al entrenador, al club, a los compañeros, exigencias demasiado elevadas, correcciones excesivas y contradictorias con lo que pide el entrenador, gritos en durante los partidos… Son comportamientos muy perjudiciales para los niños, que adquieren ese modelo en un contexto tan influyente como la familia. Normalmente, los padres se van dando cuenta de la realidad conforme avanzan los años pero, al niño, esas ‘enseñanzas’ le quedan marcadas para toda la vida. Algo parecido sucede con entrenadores y clubs. ¿Cómo es posible que un jugador llegue a cadete o juvenil sin haber pasado por el banquillo o acostumbrado a llevar el ‘10’ siempre y ser el capitán? Las expectativas que se generan son excesivas y, cuando tienen que enfrentarse a circunstancias diferentes, el choque es brutal. Centrarse en cuestiones ajenas al juego son más determinantes para que un niño adquier alo necesario para ser profesional o que, al menos, pueda intentarlo llegando al tope de su capacidad, que debería ser el objetivo de todo formador: aprendizaje y mejora continua.

«Hay mucha gente alrededor del fútbol que no sabe qué pretenden los entrenadores, qué han trabajado durante la semana o que el objetivo va más allá de un partido en concreto, pero desde fuera se opina con frivolidad»

¿Y de esta otra? “Este entrenador se cree Guardiola y para jugar como el Barça hacen falta Xavi, Iniesta, Messi…”
También es común. El problema viene cuando esas críticas al entrenador llegan al niño por parte de su entorno: padres, familiares, agentes… Se le hace un flaco favor al proceso formativo del jugador.

¿Qué club gallego no profesional le llama la atención por su forma de trabajar?
Esta temporada no he seguido de cerca el fútbol base y, de lo que recuerdo, me cuesta resaltar a uno sobre el resto. Hay que reconocer el trabajo que desempeña la gente que los dirige, especialmente cuando muchos lo hacen sin ánimo de lucro.

¿Qué explicación tiene el cuarto puesto del Ural en División de Honor Juvenil la pasada temporada?
Sin conocer el tema de primera mano, suele suceder porque se da una buena generación de jugadores, unido a que en ese momento se acierta en lo que se ficha. Eso, junto con la labor del entrenador -que habrá tenido su dosis de importancia- y una buena dinámica que ayuda en una liga corta. No sé decir cuáles de esos factores tuvieron más importancia en ese caso, pero lo realmente importante sería que muchos de los jugadores de ese equipo lleguen a Tercera División y que alguno tenga la opción de jugar, al menos, en Segunda B.

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